El músculo es un órgano fundamental en el metabolismo de la proteína de todo el cuerpo, siendo el principal reservorio de aminoácidos para mantener la síntesis proteica en los tejidos y órganos principales en ausencia de absorción de estos por el intestino.

El mantenimiento del contenido de proteínas de órganos y tejidos

como la piel, el cerebro, el corazón y el hígado es esencial para la vida.

Estos tejidos necesitan un suministro constante de aminoácidos a través de la sangre para generar nuevas proteínas y así equilibrar la continua degradación de estas.

Se conoce que en ausencia de ingesta de nutrientes, la proteína muscular sirve como reservorio principal para reemplazar el aminoácido sanguíneo absorbido por otros tejidos, siempre que la masa muscular disponible sea adecuada para suministrarlos.

El estado de estrés, el cáncer avanzado y las lesiones traumáticas imponen mayores demandas de aminoácidos por descomposición de la proteína muscular que el ayuno.

Además de la masa muscular, la fuerza y la función desempeñan un papel fundamental en el proceso de recuperación, pudiendo hacer que una pérdida de estas prolongue la duración de la lesión, incluso llegando a generar en el individuo que la recuperación de la función normal no sea posible. Por lo tanto podemos decir que el músculo tiene un papel clave en la prevención de numerosas patologías crónicas.

Del mismo modo las alteraciones en el músculo juegan un papel fundamental en enfermedades como la cardíaca o el cáncer, en las cuales existe pérdida de masa muscular, fuerza y función metabólica (caquexia), y siendo necesarias para sobrevivir.

Por otro lado la pérdida de masa muscular por envejecimiento (sarcopenia) puede condicionar la calidad de vida del individuo que la padece, incluso llegando a provocar caídas y deterioros.

 

EL MÚSCULO Y LA OBESIDAD

La obesidad es un estado patológico que consiste en un desequilibrio energético duradero, siendo la ingesta de energía mayor al gasto de esta.

El gasto energético total es la suma de: El gasto energético en reposo o tasa metabólica basal, el efecto térmico de los alimentos o termogénesis endógena y el gasto energético derivado de la actividad física; siendo en la mayoría de los individuos el gasto energético en reposo el componente más grande del gasto total.

El gasto energético derivado del metabolismo muscular es el único que puede variar considerablemente el gasto energético en reposo, siendo la síntensis y descomposición de la proteína muscular las principales responsables del gasto energético del músculo en reposo.

Además la energía para proporcionar ATP para el recambio de proteínas musculares se deriva en gran parte de la oxidación de la grasa, que es el sustrato energético del músculo.

Por lo tanto podemos decir que el mantenimiento de la masa muscular puede prevenir la obesidad.

 

EL MÚSCULO Y LA RESISTENCIA A LA INSULINA

La diabetes es una enfermedad crónica en la cual los niveles de glucosa en sangre son más elevados que los fisiológicos. La más común es la tipo 2 y tiene varias fases.

FASE INICIAL – La insulina pierde la capacidad de estimular al músculo para que elimine la glucosa en sangre. La llamada “resistencia a la insulina” del músculo que hace referencia al síndrome metabólico, considerado el precursor de la diabetes franca. En este inicio la secreción de insulina aumenta para permitir al músculo que elimine la glucosa en sangre y mantener unos niveles normales.

FASE MEDIA – A medida que el síndrome metabólico progresa a diabetes, el aumento de secreción de insulina no puede contrarrestar la ineficacia de esta para estimular a los músculos y que así se elimine la glucosa.

FASE FINAL (diabetes) – El páncreas pierde la capacidad de secretar más insulina en respuesta a la hiperglucemia.

Hay diversas teorías que podrían explicar la aparición de la resistencia a la insulina pero en las últimas investigaciones se conoce que la función metabólica del músculo es fundamental en este proceso, siendo la actividad física el medio para mejorarla.

 

EL MÚSCULO Y LA OSTEOPOROSIS

La osteoporosis es una patología esquelética que cursa con disminución de la densidad mineral ósea. Aunque son diferentes las causas que puedan provocarla podemos decir que afecta más a las mujeres y con el incremento de la edad. Además la falta de tensión mecánica puede agravar el proceso.

A pesar de que los ejercicios que involucran el soporte del peso corporal generan una fuerza mecánica sobre el hueso, se conoce que las contracciones musculares voluntarias generan mayor fuerza y aumento de la masa ósea.

Además la masa muscular se correlaciona positivamente con el contenido mineral óseo y la densidad mineral ósea.

Podemos confirmar por tanto la importancia nuevamente del músculo en la prevención de la osteoporosis.

 

SOLUCIONES PARA EL MANTENIMIENTO DE LA MASA MUSCULAR

Existen tres enfoques para el aumento o mantenimiento de la masa muscular: el hormonal, a través de la nutrición y mediante el ejercicio.

Desde Evolution Madrid, como profesionales de la salud, aconsejamos abordarlo desde todos los ámbitos posibles, pero reservamos los dos primeros a los especialistas en dicha materia.

Sin embargo, desde nuestros conocimientos en actividad física y entrenamiento podemos dar fe de que el ejercicio mejora la función muscular, aumenta la masa muscular y mejora la función metabólica y por tanto es IMPRESCINDIBLE para alcanzar el estado de salud y prevenir enfermedades como las citadas anteriormente.

 

Bibliografía:

Wolfe RR. The underappreciated role of muscle in health and disease 1 Ϫ 3. 2006;475–82

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